Orna Donath y las madres arrepentidas

Por la L.C.C. Ma. Fernanda Pérez Reyes

Decía Isabel Allende, escritora mexicana, en su novela Paula:

“Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en Madre.
La naturaleza la ha dotado a mansalva del instinto maternal con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula y llorona sería arrojarla.
Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años. Después se preocupará por ella toda la vida.
Ser Madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.
Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, y que tomen leche. […]
Es llorar cuando ve a los hijos contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.
Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. […]
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida”.

La idea tan romántica y abnegada que muestra Isabel Allende sobre ser madre, asume que, independientemente de las necesidades y deseos inalienables de una mujer; se es madre porque se quiere fervientemente y se asume – con gusto y convicción – como tal; por el restos de sus días. Hecho incuestionable, hecho nato que trae consigo el tan repetido “instinto maternal”, el sacrificio voluntario, la categorización de madres recolectoras y cuidadoras de la cueva; por naturaleza y biología. Pareciera, que “ser mujer” es sinónimo de “ser madre”, concepto que a lo largo de la existencia humana, ha fomentado y fortalecido la noción de mujeres como dadoras de vida. Se les atribuye el carácter de ser seres de reproducción humana como una función y anhelo primordial en sus vidas.

¿Qué sucede, entonces, cuando una mujer rechaza esta imposición y preceptos? ¿Qué pasa con quien se basa en hechos reales, en testimonios de carne y hueso que argumentan válidamente y refutan una realidad que nos han vendido por años? ¿Qué sucede cuando un grupo de mujeres decide ser honesta en voz alta y desmentir dicho perfil en el que han querido colocar a toda persona tan solo por el hecho de ser mujer? ¿Qué sucede cuando una mujer se asume como otro tipo de mujer? ¿Qué sucede?

Orna Donath, socióloga de origen israelí, ha provocado revuelo con la publicación de su segundo libro de investigación “Madres Arrepentidas” (2016). En este libro Orna comparte la recopilación de testimonios proporcionados por un grupo de madres israelíes, 23 madres para ser exactos; quienes confiesan, ahora que saben lo que implica ser madre, que optarían por NO tenerlos. Respecto al párrafo anterior, la tesis de fondo que desarrolla Orna Donath es que a las mujeres se les impone el camino de vida, en el que se incluye, evidentemente, ser madre. Aparentemente, quien es madre decide libremente, sin embargo; de acuerdo con Donath, la presión social por tener hijos es tan grande que el resultado de algunas mujeres que sucumben a tal presión, es arrepentirse de haber sido madres.

La creación de “Making a Choince” (2011) su primer caso de estudio sobre mujeres israelíes que no querían ser madres, y de “Regretting Motherhood” (“Madres Arrepentidas”) (2016), su primera publicación internacional, surgen gracias a la inquietud de Orna por investigar sobre la maternidad y el papel de las mujeres en la sociedad. Orna es investigadora en la Universidad Ben-Gurion del Néguev, en Beerseba, Israel, desde hace varios años. Al mismo tiempo, colabora voluntariamente en un centro de asistencia a víctimas de agresiones sexuales en la ciudad de Ra’anana.

La incansable repetición a Donath de que tarde o temprano se arrepentiría de no haber sido madre, llevó a Orna (en 2008) a lanzarse en una exhaustiva investigación que la ha convertido en la representante a nivel mundial de las madres arrepentidas. Como comparte El País, en una entrevista con Orna Donath en 2016: “Su atrevimiento con un tema altamente espinoso le ha proporcionado fama y reconocimiento internacional, pero también acusaciones e insultos despiadados. Donath parece haber despertado alguna bestia”.

Inteligentemente, en su momento, El País y otros medios periodísticos le preguntaron si de algo servía arrepentirse; a lo que Donath respondió: “Sí, Desde un punto de vista personal es importante. Reconocer lo que te pasa, alivia. Si sufres y no sabes identificar qué te ocurre, puedes acabar culpando a los hijos en lugar de a la circunstancia de ser madre. La gente suele decir: entierra tus sentimientos y sigue adelante, pero yo creo que reconocer las emociones puede ser un alivio. Desde un punto de vista social, que las mujeres reconozcan que se arrepienten puede ser una señal de alarma para que se deje de empujarlas a ser madres, para dejar de vender la idea de que la maternidad le a va a valer la pena a todas y cada una de ellas. Puede que las mujeres seamos biológicamente iguales, pero somos distintas. Unas quieren ser madres y otras no. “ A lo que la socióloga hace entender que deberían ser ambas opciones válidas, permitidas y no cuestionadas.

Ante tales respuestas, a mucha gente, de manera anónima, no le ha quedado más que refunfuñar y contestar dando patadas de ahogado; agrediendo, amenazando y molestando de manera verbal a Orna.

“Madres Arrepentidas” comienza de la siguiente manera:

¡Te arrepentirás!
¡Te arrepentirás de no tener niños!

Esas palabras se me quedaron grabadas en 2007, cuando concluí una investigación sobre la falta de deseo de mujeres y hombres judíos israelíes de ser padres. La profecía de fatalidad que entrañan dichas palabras, que se lanza sobre casi toda aquella persona que no quiere ser padre en general y madre en particular, siguió resonando en mi cabeza: <<Seguro que lo lamentarán>>. Las mujeres se arrepienten de no ser madres. Y punto.

La rotundidad de la sentencia me tenía preocupada. Las ideas se me agolpaban en la mente. Me resultaba difícil no actuar frente a la resolución dicotómica que define con contundencia el arrepentimiento por el hecho de no tener hijos como un arma con la que amenazar a las mujeres, quedando excluida al mismo tiempo toda posibilidad de pensar en el arrepentimiento tras dar a luz, y desear retomar la condición de no ser madre de nadie.

¡Con qué tabúes se ha ido a meter Orna Donath!

Orna Donath es consciente de que si bien, no es la mayoría de las mujeres, al contrario, son minoría; existen. Existen mujeres con una condición no maternal de vida. Y para ella, ese menor porcentaje vale la pena estudiarlo, darle voz y considerarlo. Liberarlo. Liberar a las mujeres en su totalidad.

De acuerdo a la autora, su libro ha causado tanto revuelo porque el hecho de que las mujeres comiencen a debatirse la libertad de ser o no ser madres, pone en peligro al Estado y al orden social; quienes establecen que la esencia de las mujeres en la vida es ser madre. Y que ellas, inequívocamente, lo desean así. A lo que Orna plantea que es posible no ser madre y también serlo y además, arrepentirse por ello. El problema, asegura, es que no hay un camino de más número de vías. No hay alternativa para las mujeres. Una mujer será juzgada si admite no querer ser madre o haberlo sido y arrepentirse. El discurso único que nos invade es aquel que dice que para ser feliz hay que tener hijos. Empuja a las mujeres asegurándoles que así serán felices.

Donath, previniendo preguntas que quieran hacer sentir mal a la mujer que asume haberse arrepentido de ser madre, con el hecho de que el hijo se sepa un “error”; argumenta que una cosa es lo que se siente y otra, la que se hace. Asegura que las mujeres en su estudio no han agredido ni han sido malévolas con sus hijos. Al contrario, han intentado ser las mejores madres posibles. “Lo importante es que los hijos sepan que si sus padres se arrepienten, no es por ellos. No son los hijos, por eso hablo de arrepentirse de la maternidad, no de los hijos. Es diferente”. Argumenta Donath.

Finalmente, entre mucha profundización del tema, Orna Donath, comenta que: “la maternidad es una relación humana como otras, no el reino mítico que venden. […] Rebajar las expectativas haría que se considerasen menos culpables” (las mujeres, por no cumplir con los estándares impuestos de lo que la maternidad se supone que es y cómo debería lucir). “Es como el amor, no siempre es de color rosa”. Asimismo, nos da a entender que las mujeres no están mejores preparadas para cuidar que los hombres. Que no es cuestión de naturaleza, es una cuestión política. No obstante, han vendido la idea que, al contrario, es una cuestión de sexo. “Los hombres pueden cuidar muy bien, pero para la sociedad este sistema es muy útil. Nosotras lo hacemos todo sin cobrar, mientras que ellos ganan dinero, viajan y entran y salen del cuidado de los hijos a su antojo”.

Bajo la luz que proporciona Orna Donath sobre la maternidad, cabe cuestionarse ampliamente la idea romántica y abnegada que tan poéticamente comparte Isabel Allende.
Una mujer debería ser libremente el tipo de mujer que mejor le plazca ser sin encasillarlas por ser seres maternales y/o profesionistas, abnegadas, emprendedoras, hermosas, deportistas, ejecutivas, amas de casa, voluntarias, sacrificadas, directoras, independientes, luchonas.
Como bien dice Orna Donath al final de una entrevista para Vice España: “La sociedad tiene que dejarnos ser quienes somos, porque sufrimos tanta presión y se genera un sufrimiento tan profundo en nuestras vidas, que yo creo que el mensaje principal es que tienen que dejarnos en paz con nuestros sentimientos. Nosotras somos las dueñas de nuestros sentimientos”.

Invito ampliamente a empaparse de los estudios de Orna Donath, una socióloga contemporánea que abre la puerta a una nueva concepción de la mujer y su lugar en la sociedad.

“El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho y decirles lo mucho que la quieren. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano. Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces”. – Isabel Allende

FOTOS COLDER

La L.C.C. Ma. Fernanda Pérez Reyes es columnista e instructora

en activo del Colegio de Derecho y Comunicación

www.coldercom.com

 

Fuentes Referenciales

https://elpais.com/elpais/2016/10/26/eps/1477433106_147743.html, http://www.elmundo.es/sociedad/2016/09/20/57e0425246163f95208b4571.html, https://blogs.20minutos.es/madrereciente/2010/10/13/ser-madre-por-isabel-allende/, https://www.youtube.com/watch?v=toVSYTzqFZA

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